
Hay hombres que luchan un día y son buenos,Otros luchan un año y son mejores,
Pero están los que luchan toda la vida,


Llevar a cabo las actividades de un Centro de Estudiantes implica cuidar la Escuela que se TIENE y aportar el tiempo y el compromiso para que esa sea la Escuela que se QUIERE. No es fácil, por diversos motivos... A veces por la propia inexperiencia, el tabú de una sociedad que no cree en espacios democráticos, por la falta de recursos materiales y también por la difícil tarea de representar a todxs lxs alumnxs.
Así también, el esfuerzo es gratificante, porque sabemos que la militancia escolar nos hace progresar como personas en lo individual y como ciudadanos en lo colectivo, comprometiéndonos con nuestros ideales, endureciéndonos con cada caída pero sin perder la ternura jamás, como dijo un gran militante.
Los problemas son inevitables en cada institución y también entre sectores, por el simple hecho de que al mezclarse generaciones que crecieron en distintos momentos históricos, la forma de ver las cosas es distinta y no nos encontremos con el consenso. Como en cualquier espacio, padecimos la falta de convicción de nuestra generación, y dando mucho para lograrlo, fuimos capaces de entusiasmar, de volver a conquistar. Son esos momentos críticos donde entendemos que maduramos colectivamente.
Es por eso que el Contrato Pedagógico resulta crucial a la hora de realizar proyectos, porque si bien la columna vertebral de una escuela son sus alumnos, es primordial contar con el Estado, que provea de herramientas y cree espacios para que todos los integrantes de la Comunidad Educativa vuelvan a existir, como los Consejos Escolares donde aparecen participantes que parecían ausente: Los padres. Muchas veces nos vimos en la situación horrible de sentirnos incompetentes, por ser chicos (donde todos nuestros méritos y aportes parecen dejar de ser prioridad y no somos escuchados como quisiéramos) Los padres actúan como puente de lo que nosotros decimos hacia los directivos y como cable a tierra de nuestras aspiraciones.
Una de nuestras luchas es seguir demostrando a nuestros mayores lo conscientes que podemos ser y los valores que defendemos. La indiferencia no educa, ni la resignación, ni la mediocridad. Cuando los conocimientos se imparten desde la esperanza (haciéndonos saber nuestras capacidades, creyendo en nosotros e involucrándose) se apuesta a construir personas, a proyectar otro modelo de sociedad. Que todas estas partes estén activas y se involucren con la realidad de una escuela es un paso más para trascender; acercarnos un poquito más al deseo inmenso de que disfruten la democracia, de ser seres políticos.
Hablamos de que no sólo debe ser un lugar al cual limitarse a estudiar y renegar con eso, sino también un espacio donde nos sintamos contenidos, donde podamos expresarnos libremente, sin verticalismos, donde cada cual pueda sentirse ‘tenido en cuenta’. Una escuela que cree personas comprometidas socialmente.
Actuamos en respuesta de las necesidades que vemos. Como Centro de Estudiantes tenemos por objetivo desarrollar actividades creativas y comprometidas que permitan que los alumnos puedan crearse a sí mismos sin seguir una línea determinada, es la llave de acceso a un mundo de posibilidades y sueños que nos permiten crecer de la mano del esfuerzo, la amistad y del dolor de la decepciones que también nos hacen crecer. Sentimos la responsabilidad de que todos se sientan parte, que se vean representados en nosotros, de que se sientan útiles y capaces, con potencia y con voluntad de cambio.
La organización de órganos democráticos tales como los Centros de Estudiantes, Consejos Escolares y Asociaciones Cooperadoras hacen que la escuela no sólo apoye a esos sectores sino también se sienta apoyada por todos los que hacen que funcione.
Nuestra secundaria está marcada por nuestro compromiso, por transitar la mejor época de nuestras vidas volcando nuestros talentos en un trabajo social y también nuestras ganas de trabajar por mejorar nuestra realidad.