lunes, 31 de diciembre de 2012

Adentro II

Sigue lloviendo parejo. Es como la tristeza, te empaña un poco pero te hace saber que estás viva, que si te duele el hueco es porque antes en ese lugar había algo.
Una de esas siestas que nos veíamos a escondidas para querernos sin querer, llovía así, el cielo estaba llorando un poco, vaya uno a saber por qué. Capaz sabía que iba a ser nuestro último grito de amor. Puedo acordarme que en el primer impulso nos electrocutamos, exceso de energía, dicen por ahi. Siento tu boca reptar por mi, tratando trabajosamente de contener el animal. Te siento en mi desgarrándome  como si agarraras una piedra, la aplastaras en tu puño y se desintegrara en miles de pedacitos. Así se sintió tenerte en mi, se sintió la agonía de no morirme, de arrastrarme entre tu cuerpo en el dolor con espasmos del querer.
Nunca fuiste tan eterno como esa vez, me duraste la vida en 7 minutos de amor.
Nunca te quise tanto, aunque nunca te lo dije (ni esa vez, ni ninguna).
Te dormiste sobre mi, sonriendo. Nunca te vi con los ojos tan limpios. Nunca estuviste tan lindo, desvanecido y vulnerable sobre mi, queriéndome. Por primera vez no pude dormir, cargaste con mis miradas y mis suspiros en esa carne mucho tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario